Los enamoramientos, Javier Marías
No podría contar ni una de las novelas de Javier Marías, aunque las he leído todas con devoción, excepto Tu rostro mañana; preferí esperar a que estuviesen las tres escritas, así no tendría que sufrir al terminar la anterior y saliese la nueva. Luego no tuve valor de meterme en esa cantidad de páginas, una ya no es lo que era. Me alegro de que no haya cumplido aquello de no volver a escribir una novela porque ya no tenía nada que contar, me impresionó. Su lectura me dejaba una sensación de paz y satisfacción, las recuerdo con una atmósfera tenuemente luminosa.
Los enamoramientos hay que leerla entera, con perspectiva única desde el final. El principio desconcierta, engancha el estilo-Marías, el cerebro lo reconoce, más que la historia o la atmósfera (no tiene, es lo extraño) Me ha costado por la narradora en primera persona que parece omnisciente, se entromete en todos los personajes, no se limita a su perspectiva de las situaciones sino que actúa como portavoz de las elucubraciones de todos. Empieza como un ensayo sobre la muerte. El punto de partida sí recuerda a otras novelas del autor: una imagen, una situación, la pareja que es observada por la narradora cada mañana. Me sobra la visita de Díaz Varela con el profesor Rico, parece el buscando a Wally de sus novelas; podrían haberse conocido sin él. Al final encajan las piezas, literalmente: la existencia y el papel de unos personajes en relación con los otros.
Hay tonos difícilmente acordes: El argumento que da origen a todo, propio de novela negra, con una manera razonada y reflexiva de contar. Puede hacerse con frialdad, sin explicación, sería la manera propia. Parece que se justifican ciertas situaciones vitales como normales para que encajen, debería ser al revés.
(…) ´Nuestra época es extraña´, pensé. ´De todo se permite hablar y se escucha a todo el mundo, haya hecho lo que haya hecho, y no sólo para que se defienda, sino como si el relato de sus atrocidades tuviera en sí mismo interés´(…) pág. 286
En el lector quedan las mismas dudas que en la narradora, que toda la justificación que Díaz Varela le da sobre el suceso (pág. 334) quizás sea mentira, tenemos ventaja: sabemos que todo es mentira.
Ha sido un reencuentro con un escritor que hacía mucho que no leía, suena más sombrío, se nota que el tiempo pasa.
(…) ese hombre tiene para mí el mismo valor que una cornisa que se desprende y te cae en la cabeza justo cuando pasas debajo, podías no haber pasado en ese instante: un minuto antes y ni te habrías enterado (…) pág. 82
Los hijos dan mucha alegría y todo eso que se dice, pero también dan mucha pena, permanentemente, y no creo que eso cambie ni siquiera e cuando sean mayores, y eso se dice menos. Ves su perplejidad ante las cosas y eso da pena. Ves su buena voluntad, cuando tienen ganas de ayudar y de poner de su parte y no pueden, y eso te da también pena. Te la da su seriedad y te la dan sus bromas elementales y sus mentiras transparentes, te la dan sus desilusiones y también sus ilusiones (…) pág. 88
Así que si algo me pasara un día, (…), si me sucediera algo definitivo, ella ha de tenerte a ti como repuesto. Sí, la palabra es pragmática e innoble, pero es la adecuada. (…) pág. 117
(…) ¿Qué se habrá hecho de ella?’, sin preocupación ninguna, sin curiosidad siquiera. ¿Qué nos importa hoy la suerte de nuestra primera novia, cuya llamada o el encuentro con ella esperábamos anhelantemente? ¿Qué nos importa, incluso, la suerte de la penúltima, si hace ya un año que no la vemos? ¿Qué nos importan los amigos del colegio, y los de la Universidad, y los siguientes, (…) ¿Qué nos importan los que se desgajan, los que se van , los que nos dan la espalda y se apartan, los que dejamos caer y convertimos en invisibles, en meros nombres que sólo recordamos cuando por azar vuelven a alcanzar nuestros oídos, los que se mueren y así nos desertan? (…) pág. 144
–Qué torpes sois los hombres a veces -dije con deliberación, me pareció aconsejable soltar algún tópico y desviar la conversación, llevar la al territorio más vulgar, que también suele ser el más inofensivo y el que más invita a confiarse y a bajar la guardia-(…) pág. 238
(…) no lo conocen muchas lenguas, sólo el italiano además de la nuestra, (…) el enamoramiento. El sustantivo, el concepto; el adjetivo, el estado, eso sí es más conocido, por lo menos el francés lo tiene y el inglés no, pero se esfuerza y se acerca… Nos hacen mucha gracia muchas personas, nos divierten, nos encantan, nos inspiran afecto y aun nos enternecen, o nos gustan, nos arrebatan, incluso nos vuelven locos momentáneamente, disfrutamos de su cuerpo o de su compañía o de ambas cosas, (…) Hasta se nos hacen imprescindibles algunas, la fuerza de la costumbre (…) Puede suplantar el amor, por ejemplo; pero no el enamoramiento, conviene distinguir entre los dos, aunque se confundan no son lo mismo…Lo que es muy raro es sentir debilidad, verdadera debilidad por alguien y que nos la produzca, que nos haga débiles. Eso es lo determinante, que nos impida ser objetivos y nos desarme a perpetuidad y nos haga rendimos en todos los pleitos (…) págs. 307-308
A partir de aquí cuento el argumento.
María coincide todos los días en una cafetería con Desvern y Luisa, una pareja desconocida, pero que se ha hecho familiar por este encuentro a la hora del desayuno. Nunca ha hablado con ellos, sólo su presencia le hace el día más agradable. Una mañana no están allí. María se entera de la razón: Desvern ha muerto, víctima de una confusión, un gorrilla mentalmente trastornado, también habitual, lo mató con una navaja creyendo que era el causante de la desgracia de sus hijas. María va a dar el pésame a la viuda, en su casa conoce a Javier Díaz Varela, el mejor amigo del marido. Tiempo después María y Díaz Varela tienen una relación. Ella sabe que él está enamorado de Luisa y sólo espera su momento. Un día en casa de este, escuchando a escondidas una conversación entre Javier y otro hombre, ella se entera de que la muerte de Desvern había sido planeada desde hacía tiempo. Era un asesinato. Díaz Varela no está seguro de lo que ella ha podido oír, así que decide averiguarlo y le explica que en realidad fue el propio Desvern quien le pidió que acabase con su vida porque le habían diagnosticado una enfermedad degenerativa muy grave además de encargarle que se ocupase de su mujer, que fuese su sustituto. Al final Javier consigue su lugar junto a Luisa y María sigue su vida. Todos han callado y han dejado pasar el tiempo sin más.

























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