Crematorio, Rafael Chirbes
El título de este libro es extraño. Te hace leer la reseña de la solapa para ver por donde puede ir la historia. Una vez compruebas que no va de lo que parecía, las primeras páginas te sitúan ante un cadáver en un frío tanatorio, en contraste, desde el coche de Rubén Bertomeu recorremos un espacio luminoso a través de descripciones sensoriales perfectas. Sientes la costa levantina, olor a mar y bolsas de basura mezclando sus colores con los de las adelfas y buganvillas, arena y hormigón. La muerte de Matías Bertomeu es el asunto central en esta historia de vida y muerte. La espera hasta el momento de su incineración es el tiempo que transcurre en la novela. También el espacio físico del coche es la materialización de una sensación espacial agobiante, sea cual sea el lugar rememorado, se mueven del presente al pasado con una narración en segunda persona en la mayoría de los capítulos. Si aparece otro narrador o diálogos de los personajes, que siempre son recordados por uno de ellos y se diluyen rápidamente en la voz del narrador, todas acaban dirigidas al lector, se convierte en un monólogo interior que ocupa la cabeza de quien lee ¿cómo se dirá esto con propiedad?¿un interlocutor interior? Bien, dicho como se percibe: las voces de los personajes te taladran los oídos; tienen poco tiempo, apenas un par de días para pasar revista a sus vidas. Todos, menos el muerto, hacen testamento, ponen cada cosa, recuerdo, sentimiento en el que creen que es su sitio. Hacen balance de sus vidas. Independientemente de los espacios recorridos, las casas de cada uno en Misent, el pueblo y los bloques creados por Rubén y otros especuladores, Méjico, los viajes, todos hablan precipitadamente desde el búnker de su memoria. Como lector, te sientes a veces cogido por la solapa y zarandeado para que se entienda la visión de cada uno, aquello que nunca contarían con palabras. El retrato de los personajes se hace desde un sesgo crudo, buscando lo menos heroico. No se salva nadie. Al final es Rubén, el especulador sin escrúpulos, quien se gana la simpatía del lector. Quizás porque es él quien ve a los demás (y a sí mismo) como son. No es un corrupto de los que vemos en televisión, cutre y semianalfabeto, no es un nuevo rico. Ha estudiado, tiene una sensibilidad cultivada y un sentido estético muy lejano de lo hortera, que suele acompañar a este perfil. Sabe qué es él y qué son realmente su hermano, su madre, Mónica, Silvia, Federico, Collado y el resto de los personajes. También los demás juzgan según su propia perspectiva, siempre más limitada.
(…)Tienes razón en que esto es más cutre, pero sólo, porque es más pobre. Cuestión de diferencias económicas porque es más pobre. Nada más. Que a ti te gustan las ciudades más ricas que ésta(a mí me gusta, sobre todo, París), ése es tu problema, pero no encierra tu actitud ninguna deriva ética, ningún dictamen moral. Lo que ocurre es que te parece poco la ajustada clase media que ha edificado esto(…)pág.26
(…) Realidad. Una palabra que sirve para explicarlo todo, para justificarlo todo. Los bragueros con que el Volterra les cubrió el sexo a las figuras que había pintado Miguel Ángel expresan la realidad (…)Al fin y al cabo, Miguel Ángel y Rafael entraron a saco en lo que habían hecho Perugino, Pinturicchio y Sodoma: cada época tiene sus principios de realidad. En Roma, en Grecia, en el Renacimiento, el cuerpo tenía una frescura matinal, y en el barroco, en cambio, una turbiedad de carnes mal ventiladas que había que escamotear(…) pág.121
(…) Esa bilis: de mi generación (sí, de la mía, la tuya se rindió antes, ni siquiera luchó y, por eso, ni siquiera tiene sentido de culpa, sólo mediocridad) acabará haciendo mucho daño. Dará gente sin escrúpulos, ya lo verás. El que ha tenido que arañar para llegar arriba es el peor. Para Matías, en el crepúsculo de su fase uno, no había que adaptarse a los nuevos tiempos(…) pág.217
(…) Su hijo mayor, Rubén Bertomeu, piensa esta mañana: Si yo hubiera sido adulto por entonces y hubiera visto a aquel niño frágil, temeroso, inquieto, bien dotado y pobre, que miraba con ojos de viejo, a lo mejor también habría sabido todas esas cosas. (…) pág.220
(…) Se lo dije así muchos años después: lo nuestro era más de Disney que de ningún filósofo, una cosa entre Peter Pan y La dama y el vagabundo, ¿te acuerdas de lo que decía el perrito de La dama y el vagabundo?: uno es libre, decía, si toma lo mejor de la vida. Eso es caer del lado bueno, Matías, eres un personaje de Walt Disney, ni siquiera el Larry del El filo de la navaja con el que te identifica Silvia. Ése era más complicado, tenía otras dudas, otra textura, otras satisfacciones(…) pág.224 Tú me despreciabas. Tuvimos discusiones en la mesa en las que decías cosas que tenían que haber sacado de quicio a mamá, pero que –ese caer tuyo en el lado bueno- ella hacía como que no escuchaba(…) pág.226
(…) La vida de los tíos no es así: la pirámide, la cadena de mandos, la escalera. Puedes subir1ás deprisa o más despacio, pero tienes que tragarte la escalera entera. Las tías no, abajo y arriba en un minuto. Es la diferencia entre ser activo y pasivo. (…) pág.233
(…) Todo eso a Bertomeu se la bufa. Ella es la señora y Sarcós era un pringado. Las señoras no tienen que guardarle consideración al empleado. Se despelotan delante del como delante del espejo del baño. No pasa nada. (…) pág.244
(…) Se supone que el consuelo que los enfermos extraían del Cristo monstruoso era el de la identificación: el cuerpo del Señor llegó a ser, en esos momentos, tan repugnante o más que el nuestro, se dirían. El retablo que, sin conocer esos datos, parece complaciente, morboso, al descubrir su historia se convierte en un estremecedor monumento a la piedad, decía la guía del museo. Rubén quería que su hija los acompañara. Ven con nosotros, estuvo insistiéndole hasta el último día. Pero ella no fue, ni quiso ni pudo ir. Aún le estremece escuchar las palabras de él: Es un favor que te pido(…) pág.297
(…) La poesía escomo esos aparatitos que venden a través de los anuncios nocturnos de la tele, cacharros con pilas y cables que te los pones en cualquier lugar del cuerpo y ellos solos te sacan músculos, te quitan arrugas, o tripa, sin que tú tengas que mover ni un dedo. Si lees poesía puedes pasarte una buena media hora sin tener que cambiar ni siquiera de página. Los poemas producen en literatura el mismo efecto que las maquetas en arquitectura sólo una ojeada, incluso puedes retirar los tejados y ver el contenido sólo una ojeada, incluso puedes retirar los tejados y ver el interior de las habitaciones(…) pág.343
(…) El biógrafo recoge la energía que desprende el escritor. Mientras que tú sólo ves la soledad en torno a ti, yo te veo como si un foco te bañara con lívida luz lunar. Te agitas ahí abajo, pero frente a mí, ocupado en tus quehaceres que, aunque parezcan inocuos, alber qué hay detrás de cada uno, (…)ver qué hay detrás de cada uno, qué es lo que llevamos dentro(…) pág.355
(…) Ella lo ha leído en alguna revista, olo ha oído por la tele. También Rubén lo dice. Se siente fuerte sólo cree en su fuerza, en su propia delicada fuerza, en el fluigrasas que conectan con su cerebro limpio y pulido, tan pulido como el Intenor de los muslos, con los que aprieta la cabeza de él, como si quisiera estallarla, mientras él gime, un cascanueces sus muslos, y la cabeza de él, una fruta madura(…) pág.358
(…) El peinado, el bolero exclusivo de Arnani, el bolso Vuitton, eso es el poder que destella su personalidad. Que ella sabe que aún no es exactamente la clase, pero la sustituye, la anuncia, es todo ese cortejo, son los claros clarines que suenan e indican que allá detrás, al fondo, al final del desfile, avanza la clase que, para aparecer, espera la llegada de su hijo, su hijo vendrá con ella(…) pág.359
(…) Decirles: Estoy embarazada, ¿no os parecía perder el tiempo los esfuerzos que yo hacía por guardar la línea? Pues ya la he perdido, ahora la línea se ha roto, se ha combado en una curva que pronto empezará a ser pronunciada; aún no se nota, pero pronto la verles, verles rota la línea, en breve, ánfora mediterránea en cuyas concavidades dormita un ser vivo. Decírselo hoy. Esta tarde, durante el funeral. (…) pág.361
(…) La estrategia de Juan con Brouard: ahora que todo el mundo ha empezado a olvidarte, aunque yo sé lo que de verdad eres, tengo la generosidad de resucitarte un par de peldaños por arriba. Lo salvo de la Gestapo del tiempo, me dijo cuando le pregunté por lo que pretendía demostrar en su estudio. El complejo de Frankenstein. La autoridad reside en el que resucita esos cuerpos a los que el tiempo ya había rendido(…) pág.368
(…) Me queda, sobre todo, otra culpabilidad más tangible: pero esa culpa es inevitable, un padre tiene que ser así, pelear por sacar adelante su familia y que nadie se entere, tú no puedes manchar lo que viene detrás, poner los dedos llenos de grasa en la página del futuro, impolutas las páginas que aún están en blanco, en las que va a escribirse lo que sea. Escribir –para mi hija y para mi yerno- que ha habido un tiempo en el que no bastaba el trabajo. A ti, Juan, que te gusta tanto la literatura realista, que te gusta Balzac, cómo no adivinas que lo de tu casa es como en las novelas de Balzac, lo mismito: también en el origen de la fortuna de tu casa hay una Safira oscura. Eso es el realismo literario. No apartes la vista. ¿O crees que lo que dicen las novelas es mentira? ¿Le has dedicado tu vida a estudiar una mentira? Detrás de la fortuna, el crimen, ¿no es eso lo que dice tu querido Balzac? (…) pág.386
(…) Traian, esta mañana, me ha pedido que salve a Collado de sí mismo. Pero cómo se hace eso, cómo salva uno a alguien de sí mismo. No es fácil. Hay gente que busca su desgracia como el agua sucia busca el desagüe. Confesarles eso a mi yerno y a mi hija. Pero, eso, ¿cómo se dice? (…) pág.387•
(…) Esos veinte doloridos amigos y familiares contemplan el trabajo del paleta que evoluciona ante ellos, un elegante y sobrio bailarín, un atleta de gestos precisos, que despliega auténtico arte, ¿o es que el arte no es precisamente la mezcla de trabajo y representación? Prepara la masa, mide, coloca las hileras iguales de bardos, revoca, enluce. Con su trabajo, nos anuncia que la vida sigue(…) pág.406
























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