Lectora indecisa

Los enamoramientos, Javier Marías
No podría contar ni una de las novelas de Javier Marías, aunque las he leído todas con devoción, excepto Tu rostro mañana; preferí esperar a que estuviesen las tres escritas, así no tendría que sufrir al terminar la anterior y saliese la nueva. Luego no tuve valor de meterme en esa cantidad de páginas, una ya no es lo que era. Me alegro de que no haya cumplido aquello de no volver a escribir una novela porque ya no tenía nada que contar, me impresionó. Su lectura me dejaba una sensación de paz y satisfacción, las recuerdo con una atmósfera tenuemente luminosa.
Los enamoramientos hay que leerla entera, con perspectiva única desde el final. El principio desconcierta, engancha el estilo-Marías, el cerebro lo reconoce, más que la historia o la atmósfera (no tiene, es lo extraño) Me ha costado por la narradora en primera persona que parece omnisciente, se entromete en todos los personajes, no se limita a su perspectiva de las situaciones sino que actúa como portavoz de las elucubraciones de todos. Empieza como un ensayo sobre la muerte. El punto de partida sí recuerda a otras novelas del autor: una imagen, una situación, la pareja que es observada por la narradora cada mañana. Me sobra la visita de Díaz Varela con el profesor Rico, parece el buscando a Wally de sus novelas; podrían haberse conocido sin él. Al final encajan las piezas, literalmente: la existencia y el papel de unos personajes en relación con los otros.
Hay tonos difícilmente acordes: El argumento que da origen a todo, propio de novela negra, con una manera razonada y reflexiva de contar. Puede hacerse con frialdad, sin explicación, sería la manera propia. Parece que se justifican ciertas situaciones vitales como normales para que encajen, debería ser al revés.
(…) ´Nuestra época es extraña´, pensé. ´De todo se permite hablar y se escucha a todo el mundo, haya hecho lo que haya hecho, y no sólo para que se defienda, sino como si el relato de sus atrocidades tuviera en sí mismo interés´(…) pág. 286
En el lector quedan las mismas dudas que en la narradora, que toda la justificación que Díaz Varela le da sobre el suceso (pág. 334) quizás sea mentira, tenemos ventaja: sabemos que todo es mentira.
Ha sido un reencuentro con un escritor que hacía mucho que no leía, suena más sombrío, se nota que el tiempo pasa.
(…) ese hombre tiene para mí el mismo valor que una cornisa que se desprende y te cae en la cabeza justo cuando pasas debajo, podías no haber pasado en ese instante: un minuto antes y ni te habrías enterado (…) pág. 82
Los hijos dan mucha alegría y todo eso que se dice, pero también dan mucha pena, permanentemente, y no creo que eso cambie ni siquiera e cuando sean mayores, y eso se dice menos. Ves su perplejidad ante las cosas y eso da pena. Ves su buena voluntad, cuando tienen ganas de ayudar y de poner de su parte y no pueden, y eso te da también pena. Te la da su seriedad y te la dan sus bromas elementales y sus mentiras transparentes, te la dan sus desilusiones y también sus ilusiones (…) pág. 88
Así que si algo me pasara un día, (…), si me sucediera algo definitivo, ella ha de tenerte a ti como repuesto. Sí, la palabra es pragmática e innoble, pero es la adecuada. (…) pág. 117
(…) ¿Qué se habrá hecho de ella?’, sin preocupación ninguna, sin curiosidad siquiera. ¿Qué nos importa hoy la suerte de nuestra primera novia, cuya llamada o el encuentro con ella esperábamos anhelantemente? ¿Qué nos importa, incluso, la suerte de la penúltima, si hace ya un año que no la vemos? ¿Qué nos importan los amigos del colegio, y los de la Universidad, y los siguientes, (…) ¿Qué nos importan los que se desgajan, los que se van , los que nos dan la espalda y se apartan, los que dejamos caer y convertimos en invisibles, en meros nombres que sólo recordamos cuando por azar vuelven a alcanzar nuestros oídos, los que se mueren y así nos desertan? (…) pág. 144
–Qué torpes sois los hombres a veces -dije con deliberación, me pareció aconsejable soltar algún tópico y desviar la conversación, llevar la al territorio más vulgar, que también suele ser el más inofensivo y el que más invita a confiarse y a bajar la guardia-(…) pág. 238
(…) no lo conocen muchas lenguas, sólo el italiano además de la nuestra, (…) el enamoramiento. El sustantivo, el concepto; el adjetivo, el estado, eso sí es más conocido, por lo menos el francés lo tiene y el inglés no, pero se esfuerza y se acerca… Nos hacen mucha gracia muchas personas, nos divierten, nos encantan, nos inspiran afecto y aun nos enternecen, o nos gustan, nos arrebatan, incluso nos vuelven locos momentáneamente, disfrutamos de su cuerpo o de su compañía o de ambas cosas, (…) Hasta se nos hacen imprescindibles algunas, la fuerza de la costumbre (…) Puede suplantar el amor, por ejemplo; pero no el enamoramiento, conviene distinguir entre los dos, aunque se confundan no son lo mismo…Lo que es muy raro es sentir debilidad, verdadera debilidad por alguien y que nos la produzca, que nos haga débiles. Eso es lo determinante, que nos impida ser objetivos y nos desarme a perpetuidad y nos haga rendimos en todos los pleitos (…) págs. 307-308
A partir de aquí cuento el argumento.
Crematorio, Rafael Chirbes
El título de este libro es extraño. Te hace leer la reseña de la solapa para ver por donde puede ir la historia. Una vez compruebas que no va de lo que parecía, las primeras páginas te sitúan ante un cadáver en un frío tanatorio, en contraste, desde el coche de Rubén Bertomeu recorremos un espacio luminoso a través de descripciones sensoriales perfectas. Sientes la costa levantina, olor a mar y bolsas de basura mezclando sus colores con los de las adelfas y buganvillas, arena y hormigón. La muerte de Matías Bertomeu es el asunto central en esta historia de vida y muerte. La espera hasta el momento de su incineración es el tiempo que transcurre en la novela. También el espacio físico del coche es la materialización de una sensación espacial agobiante, sea cual sea el lugar rememorado, se mueven del presente al pasado con una narración en segunda persona en la mayoría de los capítulos. Si aparece otro narrador o diálogos de los personajes, que siempre son recordados por uno de ellos y se diluyen rápidamente en la voz del narrador, todas acaban dirigidas al lector, se convierte en un monólogo interior que ocupa la cabeza de quien lee ¿cómo se dirá esto con propiedad?¿un interlocutor interior? Bien, dicho como se percibe: las voces de los personajes te taladran los oídos; tienen poco tiempo, apenas un par de días para pasar revista a sus vidas. Todos, menos el muerto, hacen testamento, ponen cada cosa, recuerdo, sentimiento en el que creen que es su sitio. Hacen balance de sus vidas. Independientemente de los espacios recorridos, las casas de cada uno en Misent, el pueblo y los bloques creados por Rubén y otros especuladores, Méjico, los viajes, todos hablan precipitadamente desde el búnker de su memoria. Como lector, te sientes a veces cogido por la solapa y zarandeado para que se entienda la visión de cada uno, aquello que nunca contarían con palabras. El retrato de los personajes se hace desde un sesgo crudo, buscando lo menos heroico. No se salva nadie. Al final es Rubén, el especulador sin escrúpulos, quien se gana la simpatía del lector. Quizás porque es él quien ve a los demás (y a sí mismo) como son. No es un corrupto de los que vemos en televisión, cutre y semianalfabeto, no es un nuevo rico. Ha estudiado, tiene una sensibilidad cultivada y un sentido estético muy lejano de lo hortera, que suele acompañar a este perfil. Sabe qué es él y qué son realmente su hermano, su madre, Mónica, Silvia, Federico, Collado y el resto de los personajes. También los demás juzgan según su propia perspectiva, siempre más limitada.
(…)Tienes razón en que esto es más cutre, pero sólo, porque es más pobre. Cuestión de diferencias económicas porque es más pobre. Nada más. Que a ti te gustan las ciudades más ricas que ésta(a mí me gusta, sobre todo, París), ése es tu problema, pero no encierra tu actitud ninguna deriva ética, ningún dictamen moral. Lo que ocurre es que te parece poco la ajustada clase media que ha edificado esto(…)pág.26
(…) Realidad. Una palabra que sirve para explicarlo todo, para justificarlo todo. Los bragueros con que el Volterra les cubrió el sexo a las figuras que había pintado Miguel Ángel expresan la realidad (…)Al fin y al cabo, Miguel Ángel y Rafael entraron a saco en lo que habían hecho Perugino, Pinturicchio y Sodoma: cada época tiene sus principios de realidad. En Roma, en Grecia, en el Renacimiento, el cuerpo tenía una frescura matinal, y en el barroco, en cambio, una turbiedad de carnes mal ventiladas que había que escamotear(…) pág.121
(…) Esa bilis: de mi generación (sí, de la mía, la tuya se rindió antes, ni siquiera luchó y, por eso, ni siquiera tiene sentido de culpa, sólo mediocridad) acabará haciendo mucho daño. Dará gente sin escrúpulos, ya lo verás. El que ha tenido que arañar para llegar arriba es el peor. Para Matías, en el crepúsculo de su fase uno, no había que adaptarse a los nuevos tiempos(…) pág.217
(…) Su hijo mayor, Rubén Bertomeu, piensa esta mañana: Si yo hubiera sido adulto por entonces y hubiera visto a aquel niño frágil, temeroso, inquieto, bien dotado y pobre, que miraba con ojos de viejo, a lo mejor también habría sabido todas esas cosas. (…) pág.220
(…) Se lo dije así muchos años después: lo nuestro era más de Disney que de ningún filósofo, una cosa entre Peter Pan y La dama y el vagabundo, ¿te acuerdas de lo que decía el perrito de La dama y el vagabundo?: uno es libre, decía, si toma lo mejor de la vida. Eso es caer del lado bueno, Matías, eres un personaje de Walt Disney, ni siquiera el Larry del El filo de la navaja con el que te identifica Silvia. Ése era más complicado, tenía otras dudas, otra textura, otras satisfacciones(…) pág.224 Tú me despreciabas. Tuvimos discusiones en la mesa en las que decías cosas que tenían que haber sacado de quicio a mamá, pero que –ese caer tuyo en el lado bueno- ella hacía como que no escuchaba(…) pág.226
(…) La vida de los tíos no es así: la pirámide, la cadena de mandos, la escalera. Puedes subir1ás deprisa o más despacio, pero tienes que tragarte la escalera entera. Las tías no, abajo y arriba en un minuto. Es la diferencia entre ser activo y pasivo. (…) pág.233
(…) Todo eso a Bertomeu se la bufa. Ella es la señora y Sarcós era un pringado. Las señoras no tienen que guardarle consideración al empleado. Se despelotan delante del como delante del espejo del baño. No pasa nada. (…) pág.244
(…) Se supone que el consuelo que los enfermos extraían del Cristo monstruoso era el de la identificación: el cuerpo del Señor llegó a ser, en esos momentos, tan repugnante o más que el nuestro, se dirían. El retablo que, sin conocer esos datos, parece complaciente, morboso, al descubrir su historia se convierte en un estremecedor monumento a la piedad, decía la guía del museo. Rubén quería que su hija los acompañara. Ven con nosotros, estuvo insistiéndole hasta el último día. Pero ella no fue, ni quiso ni pudo ir. Aún le estremece escuchar las palabras de él: Es un favor que te pido(…) pág.297
(…) La poesía escomo esos aparatitos que venden a través de los anuncios nocturnos de la tele, cacharros con pilas y cables que te los pones en cualquier lugar del cuerpo y ellos solos te sacan músculos, te quitan arrugas, o tripa, sin que tú tengas que mover ni un dedo. Si lees poesía puedes pasarte una buena media hora sin tener que cambiar ni siquiera de página. Los poemas producen en literatura el mismo efecto que las maquetas en arquitectura sólo una ojeada, incluso puedes retirar los tejados y ver el contenido sólo una ojeada, incluso puedes retirar los tejados y ver el interior de las habitaciones(…) pág.343
(…) El biógrafo recoge la energía que desprende el escritor. Mientras que tú sólo ves la soledad en torno a ti, yo te veo como si un foco te bañara con lívida luz lunar. Te agitas ahí abajo, pero frente a mí, ocupado en tus quehaceres que, aunque parezcan inocuos, alber qué hay detrás de cada uno, (…)ver qué hay detrás de cada uno, qué es lo que llevamos dentro(…) pág.355
(…) Ella lo ha leído en alguna revista, olo ha oído por la tele. También Rubén lo dice. Se siente fuerte sólo cree en su fuerza, en su propia delicada fuerza, en el fluigrasas que conectan con su cerebro limpio y pulido, tan pulido como el Intenor de los muslos, con los que aprieta la cabeza de él, como si quisiera estallarla, mientras él gime, un cascanueces sus muslos, y la cabeza de él, una fruta madura(…) pág.358
(…) El peinado, el bolero exclusivo de Arnani, el bolso Vuitton, eso es el poder que destella su personalidad. Que ella sabe que aún no es exactamente la clase, pero la sustituye, la anuncia, es todo ese cortejo, son los claros clarines que suenan e indican que allá detrás, al fondo, al final del desfile, avanza la clase que, para aparecer, espera la llegada de su hijo, su hijo vendrá con ella(…) pág.359
(…) Decirles: Estoy embarazada, ¿no os parecía perder el tiempo los esfuerzos que yo hacía por guardar la línea? Pues ya la he perdido, ahora la línea se ha roto, se ha combado en una curva que pronto empezará a ser pronunciada; aún no se nota, pero pronto la verles, verles rota la línea, en breve, ánfora mediterránea en cuyas concavidades dormita un ser vivo. Decírselo hoy. Esta tarde, durante el funeral. (…) pág.361
(…) La estrategia de Juan con Brouard: ahora que todo el mundo ha empezado a olvidarte, aunque yo sé lo que de verdad eres, tengo la generosidad de resucitarte un par de peldaños por arriba. Lo salvo de la Gestapo del tiempo, me dijo cuando le pregunté por lo que pretendía demostrar en su estudio. El complejo de Frankenstein. La autoridad reside en el que resucita esos cuerpos a los que el tiempo ya había rendido(…) pág.368
(…) Me queda, sobre todo, otra culpabilidad más tangible: pero esa culpa es inevitable, un padre tiene que ser así, pelear por sacar adelante su familia y que nadie se entere, tú no puedes manchar lo que viene detrás, poner los dedos llenos de grasa en la página del futuro, impolutas las páginas que aún están en blanco, en las que va a escribirse lo que sea. Escribir –para mi hija y para mi yerno- que ha habido un tiempo en el que no bastaba el trabajo. A ti, Juan, que te gusta tanto la literatura realista, que te gusta Balzac, cómo no adivinas que lo de tu casa es como en las novelas de Balzac, lo mismito: también en el origen de la fortuna de tu casa hay una Safira oscura. Eso es el realismo literario. No apartes la vista. ¿O crees que lo que dicen las novelas es mentira? ¿Le has dedicado tu vida a estudiar una mentira? Detrás de la fortuna, el crimen, ¿no es eso lo que dice tu querido Balzac? (…) pág.386
(…) Traian, esta mañana, me ha pedido que salve a Collado de sí mismo. Pero cómo se hace eso, cómo salva uno a alguien de sí mismo. No es fácil. Hay gente que busca su desgracia como el agua sucia busca el desagüe. Confesarles eso a mi yerno y a mi hija. Pero, eso, ¿cómo se dice? (…) pág.387•
(…) Esos veinte doloridos amigos y familiares contemplan el trabajo del paleta que evoluciona ante ellos, un elegante y sobrio bailarín, un atleta de gestos precisos, que despliega auténtico arte, ¿o es que el arte no es precisamente la mezcla de trabajo y representación? Prepara la masa, mide, coloca las hileras iguales de bardos, revoca, enluce. Con su trabajo, nos anuncia que la vida sigue(…) pág.406
El hermano pequeño, José MªGuelbenzu
Se me cruzó un nuevo libro de la juez Mariana de Marco. Por supuesto, tuve que leerlo inmediatamente y sin parar. Me esperaba el libro después de trabajar, antes de dormir, hasta que se acabó. Hasta la mitad no parece que pase nada interesante, ni siquiera que vaya a resolverse el caso. Pero…surge la sorpresa y como es habitual en la jueza se implica más de lo que hubiese querido en la investigación y con los investigados. La presencia de su hermano nos la anuncia el título. desde antes de leer asusta pensar qué tendrá que ver su hermano en el asunto ¿Habrá salido asesino? hay que esperar bastante para saberlo. El ambiente que rodea a la protagonista en G…es el característico de un lugar pequeño, donde quien no es de allí es vigilado. Dan ganas de que se vaya de allí, anuncia de vez en cuando la posibilidad y espero que en la próxima novela lo haya hecho. Necesita personajes como los de las primeras novelas para mantener sus diálogos que son parte interesante de la trama, tanto lo personales como los que hacen avanzar el caso. Aquí lo dejo. No quiero contar nada del argumento. Estoy de nuevo esperando otra entrega.
He pasado mucho tiempo con este libro. Probablemente todo lo que puede averiguarse sobre la hermética escritora está en sus seiscientas páginas. Es exhaustivo en datos, notas y documentación. Carmen Laforet era del tipo de escritoras que sufren con su capacidad de crear. Como los personajes que reciben un don de los dioses sin haberlo pedido, ni siquiera desearlo o llegárselo a creer. Es angustioso ir siguiendo su vida de un lugar a otro, sin querer nada que la atase a un lugar, intentando, a la vez, cumplir sus compromisos con los editores y alejarse lo más posible. ¿Por qué? quizás era su única posibilidad de escapar de las ataduras familiares en una época en la que una mujer independiente no existía socialmente. ¿La misma razón que la llevo a casarse antes? También es extraño el deseo de huir de los ambientes literarios, pero la continua correspondencia y, parece, que el deseo de estar en contacto con estos círculos. En un programa de RTVE con motivo de la publicación de Música blanca por su hija Cristina Cerezales escuchamos una grabación de la escritora en un programa de radio, suena aprendida, casi memorizada, incómoda. También es verdad que la entrevista era más a una ama de casa que a una escritora. El hecho es que es una buena escritora, sus novelas son buenas, resisten el paso del tiempo. La más extraña me pareció Una mujer actual, daba la sensación de modernidad, de planteamientos vitales muy actuales en la protagonista hasta llegar al momento de la conversión religiosa tan “ rancia”; su hija, también en Música blanca, la tiñe de misticismo, no creo que
hubiese nada de esto; en la biografía se aclara que corresponde a la época de amistad con la tenista Lilí Álvarez, quien la condujo por los caminos de la religión católica, al igual que Ana Ozores, parece que se confundieron las emociones religiosas con los sentimientos humanos. Otro rasgo como escritora es que sus novelas salen directamente de su vida, la autobiografía las nutre; también fue otro motivo de desazón, quería inventar ficciones, alejarse de ella misma también en su obra, sobre todo alejarse del éxito de Nada, en la trayectoria de escritores que ella admira y de la novela que se escribe en los años posteriores a Nada, que ella sigue como lectora o como jurado de premios literarios. También es este libro una buena fuente de información sobre el ambiente literario de la posguerra, cómo se van creando los premios importantes: el Nadal, Planeta…las relaciones entre escritores, la admiración hacia ella de autores como Delibes o Azorín, la intensa relación epistolar con Ramón J.Sender y la forma de alejarse del sentimiento que en él despertó. Sigue siendo una figura hermética, con algo que no se termina de poder ver, un personaje en un tiempo equivocado. Casi todas las fotos (es una carencia de la biografía) que pueden verse en Internet son parecidas. Me ha gustado una, ya mayor, finalmente lejos del mundo de una manera terrible, perdida en su enfermedad.
La nieta del señor Linh. Paul Claudel
En una entrada de este discontinuo blog reflexionaba sobre el prejuicio que me producen ciertos libros. Este es uno de ellos. Lo leí porque fue el propuesto en el club de lectura. No intuí su condición, la portada me inclinó a pensar que más bien sería un libro duro, de guerra.
Para conseguir lo que aparentemente pretendía el autor hay que escribir muy bien. La historia es inverosímil: la nieta parece de plástico. La lleva y la trae su abuelo debajo del brazo por medio mundo, come arroz a las doce semanas, no llora, no hay que lavarla más que de vez en cuando…si es una novela lírica, pues mejor no mencionar la comida ni esas minucias. Llega el señor Linh al refugio en el nuevo mundo y nadie se ocupa de la nieta, ni la miran, se la dejan allí con él, lo mismo ocurre al final. El señor Linh, por su parte, pretende demostrar que es posible la comunicación y la amistad entre personas muy diferentes sin necesidad de entenderse con las palabras. No habla el idioma de quienes lo rodean en su nuevo país, quienes sí hablan su idioma en el refugio son más bien hostiles. Primero, no se atreve a salir por si se pierde, va saliendo, conoce a un señor y se hacen amigos, se supone que se entienden perfectamente porque uno le toca el hombro, el otro se ríe, etc. Ninguno aprende ni una palabra del idioma del otro. Un día van a tomar café y el señor Linh vuelve después a su centro sin problemas, pero aún va más lejos el asunto, se lo llevan a las afueras de la ciudad y es capaz de encontrar el parque y a su amigo medio descalzo, en pijama y con la niña en brazos, de nuevo inverosímil, nadie lo detiene. Las novelas que pretenden demostrar algo, sobre todo relacionado con sentimientos humanitarios, tolerancia, etc. suelen dar mal resultado. Quizás porque esos sentimientos en estado puro no existen, como pretenden estas obras, los personajes acaban pareciendo tontos o sin terminar de dibujar. Algunas explicaciones, también el sueño del señor Linh en las últimas páginas, apuntalan lo que el narrador parece no estar muy seguro de transmitir. El final busca un desolador golpe de efecto y burla, pero no se puede empatizar con un personaje que no se ha hecho real; es dolorosa la idea, nada más. El lector ha sido engañado.
El señor Linh espera que la voz siga hablando. Aunque ignora el significado de las palabras de aquel hombre que lleva ya unos minutos a su lado, le gusta oír su voz, su timbre profundo, su grave fuerza. Por otra parte, puede que le guste oírla porque no entiende las palabras y sabe que no lo herirán, que no le dirán lo que no quiere oír, que no le harán preguntas dolorosas(…) Pág.23
(…) Acaba de darse cuenta de que es tarde y no ha traído nada para darle de comer a su nieta. Tiene que volver antes de que se despierte. Antes de que llore de hambre. Nunca llora, pero precisamente el anciano esperas que siempre sea así, que nunca llore mientras él sepa cuidar de ella (…) Pág. 40
Crítica de José María Guelbenzu en El País :
El borde de la extrañeza, JOSÉ MARÍA GUELBENZU 15/04/2006
Historia de un abrigo. Soledad Puértolas.
Es una obra a medio camino entre la novela y el relato. Hay que leerla desde esta perspectiva, si no puede resultar frustrante. Está estructurada en quince capítulos que se relacionan por los encuentros y desencuentros de los mismos personajes. Algunos toman protagonismo en cada capítulo, otros tienen solo intervenciones esporádicas en diferentes historias.
Los personajes que encadenan la historia giran alrededor de una familia: la de Florencio Campos, padre de seis hijos, casados o divorciados. Con ellos se relacionan otros personajes que van formando la tela de araña de la obra, que se abre con la búsqueda del abrigo que le da título. Mar, una de las hijas, busca desesperada un abrigo de astracán de su madre ya muerta. Recorre la casa de su padre y las de sus hermanos. Tras esta búsqueda, el abrigo queda relegado hasta saber su paradero, pero deja su significado expresado por el propio personaje.
(…) Quiero tener el abrigo sobre los hombros y sentirme protegida del mundo y decidir lo que quiero contar y lo que no. Pág.15
Al final del libro vuelve a recordarse su significado. Todos los personajes tienen en común cierto sentimiento de soledad y desamparo. Se van dando apuntes: un padre frustrado y con mal carácter, indiferencia ante los demás, imposibilidad de conocer realmente cómo es cada uno, etc. Destacaría dos capítulos: el 7. Inmovilidad, con dos personajes antagónicos, uno preocupado porque nadie lo conoce, ni se molesta en hacerlo y su mejor amigo, un tipo sin personalidad que le sigue incondicionalmente. El mejor momento de la infancia de ambos fue cuando les hicieron una foto que guardó su deseo de ser conocido como realmente era. La vida dará un giro imprevisible para ambos amigos. El otro capítulo que me ha gustado es el 12. Nueva York. Aparecen diferentes personajes ya conocidos en otras historias. Quizás lo bueno es que están fuera de su espacio habitual, menos protegidos y que sus vidas se cruzan de maneras insólitas para el lector. Hay personajes como el médico Máximo Bermúdez, por ejemplo, que merecen su propio capítulo y que se les diese la voz de narradores, pero quedan esbozados en otras historias.
Al terminar la lectura nos quedan atisbos de vidas normales, vistas igual que se conocen los personajes entre sí, igual que conocemos a la mayoría de las personas con quienes tratamos a diario, con pequeños retazos de su personalidad, de sus angustias y deseos.
(…)No pido que todo el mundo me conozca, simplemente me extraña de que nadie me conozca, me parece raro,(…) Pág.23
Soy muy poca cosa, de acuerdo, no merecía la pena preocuparse por mí, no soy el centro del universo (…) he renunciado a este sueño, sé que no me conocerán nunca (…)Pág.28
Andrés Trapielllo y El auge de la novela negra
Leyendo y comiendo melocotones.
La Evolución de Calpurnia Tate, Jacqueline Kelly, Círculo de Lectores.
Una vez más la portada. La tienes que ver y mirar, aunque esté en el poco prometedor apartado de libros juveniles, junto a vampiros, zombis y otros seres adecuados al paladar adolescente. Sobre el escandaloso amarillo una silueta en negro. No es un ser de la oscuridad, es una niña de cuento, de siempre. Con su delantal, su trenza y sus calcetines caídos; lleva un cazamariposas en la mano y ocupa el centro de unas ramas pobladas de animales y objetos que ocupan casi toda la portada.
Es una niña del estilo de Dorothy, Alicia, Jo…de las listas y valientes, eso me dije. No lo compre el primer día por lo de libro juvenil. Pero volví, me paso lo mismo con Harry Potter y luego del tirón.
Llevo cuarenta páginas y me está gustando. Tiene buenos ingredientes: La niña lista con aficiones naturalistas, una familia numerosa y algo estrafalaria, un largo y caluroso verano… Entre Gerald Durrell y La casa de la pradera.
Una cita alentadora en la página 22:
Algún día iba a tener todos los libros del mundo, estantes y estantes llenos. Viviría en una torre hecha de libros; Me pasaría el día leyendo y comiendo melocotones. Y si algún caballero con armadura se atrevía a acercarse en su blanco corcel y a rogarme que le lanzara mi trenza, lo acribillaría con huesos de melocotón hasta que se marchara.
Lectora caprichosa
Los libros también entran por los ojos y por las manos. Me ocurrió con esta colección que siempre me atraía como un imán desde su rincón, obligándome a hojear los libros, sobre todo para tocarlos: Son suaves, piel de colores sobrios y conseguidos. A primera vista parecen agendas; sus hojas son de “papel biblia” color crema, que es más cómodo para la vista que el blanco; la letra es pequeña, pero legible, muy clara. Me gusta el tamaño, el formato estrecho y alargado. Sólo tenía un problema: son obras clásicas que se suelen tener, al menos las que hay en las librerías. Al final tuve que comprar uno, en realidad los dos tomos de Madame Bovary, tienen un color precioso. No recordaba en qué editorial lo tenía, pero seguro que sería una barata de bolsillo, con las hojas marrones si no es que leí uno de la biblioteca…con la de años que hace. Una buena ocasión para volver a leerlo. Lo estoy haciendo. Antes de abrirlo contemplo las tapas, acaricio las hojas, busco la cinta que señala la página…y entro en casa de los Bovary. Acaban de casarse, estoy en medio de la fiesta de boda. No saben lo que les espera.
La editorial tiene una página web con todos los títulos que se pueden comprar allí, pero tiene un fallo: siempre muestra las mismas imágenes, no podemos ver cada libro, cada color…http://www.elparnasillo.es/




























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